Autor: Laura Pérez ( @laurappz ) | El objetivo de Terry Richardson ( @terryrichardson se ha manchado de sangre una vez más. Fama, drogas, arte y dinero se conjugaban en la vida del icónico fotógrafo de la industria de la moda que ha vuelto a ser acusado por abusos sexuales, así como vetado de las revistas más relevantes a nivel internacional.

Terry Richardson

Terry Richardson

Hace unos días el ‘Daily Telegraph‘ hacía eco del mail que James Woolhouse, vicepresidente de Condé Nast Internacional (Glamour, GQ, Vogue, etc.), enviaba a los presidentes de la editorial. En él, les prohibía volver a trabajar con Richardson para siempre, por llevar a cabo explotaciones sexuales continuadas en su trabajo. También, citaba la acción de desechar todo tipo de iniciativa o proyecto que estuviese en marcha con el personaje en cuestión.

La representante del fotógrafo respondía al respecto: ‘Terry Richardson es un artista conocido por su trabajo sexualmente explícito, por lo que la interacción profesional con sus modelos es en consecuencia sexualmente explícita por naturaleza; todos participaban de manera consensuada‘. En ese mismo instante, el sistema patriarcal se fortalecía y el feminismo se rompía a pedazos.

Parece que no es posible captar el arte y la belleza del cuerpo femenino sin llegar a cosificarlo, o incluso someterlo. Después está el caso de Terry Richardson, que ve a través de su objetivo como la esclavitud sexual se eleva al infinito; como las mujeres se convierten en esclavas de sus propias vidas.

Porque la pornografía es sumisión normalizada, y la prostitución y la fotografía con fines sexuales también lo son. Y es que, la sociedad actual está siendo partícipe de infinidad de noticias donde la desigualdad de género, la libertad y la sexualidad se han visto corrompidas. Porque el escándalo de Weinstein en Hollywood es sólo uno de muchos que no podemos llegar a ver.

Richardson, estadounidense de 52 años, recientemente había fotografiado la campaña de Valentino Resort 2018, firmaba un editorial de moda en el número de noviembre de la revista W y había trabajado con Vogue China, GQ Alemania o CR Fashion Book. En su trayectoria, se enmarcaban infinidad de colaboraciones con Condé Nast en general, Purple o Vice. Asimismo, había sido autor de campañas publicitarias para firmas de la Haute Couture como Yves Saint Laurent o Marc Jacobs. También, había dirigido videoclips como Wrecking Ball o colaborado para proyectos artísticos con Tyler The Creator, Rick Ross, Kim Kardashian o Bella Hadid.

Miley Cyrus - Wrecking Ball

Valentino’s Resort by Terry Richardson.

Ya en los 90, con sus imágenes, había sido la gran provocación de la época, con una estética cruda, casi documental y un marcado carácter sexual. Se estaba haciendo con el momento idílico de la industria de la moda, cargada de excesos; con la era de los Champagne Supernovas, copando las portadas de las revistas con modelos como Kate Moss, la musa entre las musas. La estética porno de los 70 salía a relucir en cada una de sus fotografías de contenido sexual explícito, en el que, muchas veces, aparecía él mismo formando parte de la obra, practicando actos sexuales con las modelos.

En los 2000, infinidad de revistas y campañas veían reflejado su trabajo con Madonna, Rihanna, Lady Gaga o Beyoncé. Cuatro años más tarde, el icónico fotógrafo publicaba ‘Terryworld‘, un libro en el que estrellas del porno, supermodelos, transexuales y celebridades -entre otros- posaban ante su objetivo; ante el objetivo sexual.

Terryworld

Pero el 2014 supuso el comienzo de la decadencia de la carrera de Terry, que fue acusado por acoso sexual a seis modelos. Una de ellas fue la modelo Emma Appleton ( @emmajappleton ), quien le inculpó de ofrecerle una portada de Vogue a cambio de sexo. A raíz de ello, se puso en marcha la campaña #NoMoreTerry en Twitter, que atentaba contra cualquier marca o publicación que colaborase con el fotógrafo. Al respecto, él respondió que se trataban de relaciones naturales, libres y consentidas.

En los años posteriores, fue denunciado -de igual forma- con motivo de explotación sexual por modelos como Sena Cech, Jamie Peck o Sarah Hilker. La fama del fotógrafo iniciaba su declive, a pesar de que las imagenes que seguía llevando a cabo generasen controversia y polémica por su alto contenido sexual.

El Andy Warhol de la contemporaneidad fotográfica ha visto así como su fin ha llegado, o por lo menos eso parece. Porque la experimentación es válida, pero hasta un límite. Y es que ya es hora de destapar todos los casos de abusos, de luchar contra el miedo y la represión, así como de lanzar iniciativas como la de Cameron Russell con #MyJobShouldNotIncludeAbuse, para que la sociedad igualitaria no solo sea producto de una utopía; para que la libertad sea algo real y no ficticio. Ya basta.