Abhir Hathi (Las Palmas de Gran Canaria, 1996) sigue reiventándose a sí mismo. Donde BROWN BOY cabalgaba elefantes y trabajaba la reconciliación con la herencia india, ULTRASWAN, su nuevo disco, le da la vuelta al elefante y se descubre cisne. Pureza y oscuridad. Cisne blanco y cisne negro. El disco se parte en dos mitades muy marcadas: Ultra, electrónica, magnética, hecha para los pogos que ya agotaron entradas en su última gira; y Swan, delicada, con texturas acústicas y un vocabulario diferente.
Las colaboraciones de Ralphie Choo, Akriila, Ledbyher y Shakedablock terminan de dibujar un mapa que ya no busca el eje canario obvio sino artistas que Abhir llevaba en los cascos. Su trabajo identitario está empezado, pero no ha acabado. Lo cuenta en Dicen que todo, donde a su madre la paran por la calle porque sale en la portada y a él lo paran la nacional y la civil para pedirle el DNI. ULTRASWAN es menos político que BROWN BOY y más romántico, menos obsesionado con dejar legado y más interesado en disfrutar. Tres años después del disco que lo consagró, Abhir ya no tiene que demostrar quién es. Ya solo se divierte. Y sí, sus shows seguirán pareciendo a aquellas estampidas de elefantes.
HIGHXTAR (H) – En BROWN BOY cabalgabas elefantes; en Ultraswanle das la vuelta a ese elefante y aparece un cisne. ¿Cuándo y cómo te diste cuenta de que el siguiente animal tenía que ser este, y no otro?
ABHIR (A) – No fue una búsqueda de «otro animal», no estaba en modo zoológico [risas]. El cisne entra en la ecuación por la película Cisne negro y, después, por un cuadro de Dalí de 1937, Cisnes que se reflejan como elefantes. A raíz de eso encontré una imagen muy concreta: un cisne que, si le das la vuelta, es un elefante. Me pareció una metáfora perfecta para mostrar la evolución después de BROWN BOY. Yo tenía una lista de unos treinta posibles nombres para el disco. Uno de ellos era Ultraswan. Quería un nombre que ya contuviera el concepto, que no me obligara a explicar de qué iba el disco. El contraste cisne blanco / cisne negro me dio ese hilo conductor: es la misma especie, pero con connotaciones totalmente distintas. Como el disco: mismo artista, pero canciones casi opuestas conviviendo en el mismo proyecto.
(H) – El disco se parte en dos mitades muy marcadas: Ultra, electrónica y vacilona, Swan, delicada y casi litúrgica. ¿Las concebiste en paralelo o una nació como reacción a la otra?
(A) – El disco fue tomando de forma natural un rumbo en el que aparecían dos tipos de canciones muy distintas, casi opuestas. El reto era que funcionaran juntas. Cuando empezamos a hacerlo, hace año y medio, iba a ser un disco de folk, mucho más suave. Con el tiempo, a medida que mi vida iba cambiando y yo me sentía con más vitalidad y más fuerza, el sonido se endureció. Hicimos unas 80 ideas y nos quedamos con las mejores del lado Ultra y las mejores del lado Swan. Muchas de las del lado Swan vienen de hace bastante tiempo: la canción con Akriila puede tener más de un año, y Duomo es de noviembre de 2024. Conviven canciones antiguas con otras muy recientes. No fue un plan del tipo «hoy hago un tema cisne blanco, mañana uno Ultra«. Hicimos mucha música y luego pulimos. El disco es el resultado de ese proceso, no de una hoja de ruta previa.
(H) – ¿Cómo has pensado las colaboraciones de este disco?
(A) – En BROWN BOY tenía una actitud muy clara de meter a mi gente: colegas, amigos, gente de las islas. Era algo que necesitaba hacer y lo disfruté muchísimo. En Ultraswan el estímulo es distinto. He cogido gente que llevaba en mis cascos, artistas que yo estaba escuchando y que sentía que podían encajar bien en este universo. Ralphie [Choo] y Akriila eran colaboraciones que la gente quizá esperaba más, por comentarios y feedback. Pero también quería tener el arma de algo que nadie se espera, como Shakedablock o Ledbyher: cambiarle el guion a la gente, que no todo sea predecible. El disco está lleno de contrastes: en colaboraciones, en tempos, en imaginario.
(H) – Plié relevées vocabulario del ballet: flexión y elevación. Hay también dos máscaras muy presentes en los visualizers. ¿Qué papel tienen esas imágenes en el concepto del disco?
(A) – Hay dos imágenes que para mí resumen bien la lógica del disco: en los visualizers aparece una máscara muy elegante, casi de ballet, con un pico, muy «burguesa». Y luego aparece LeBron James con la máscara que se ponen los jugadores de baloncesto cuando se operan la nariz. Son dos máscaras que no tienen nada que ver entre sí, pero si las pones juntas ves universos totalmente distintos con una estética similar. Uno es dinero y burguesía; el otro es cultura popular, algo de lo que yo también formo parte. Ese juego de espejos, de cosas que parecen similares pero son opuestas, está presente en todo el disco. Igual que en el contraste cisne blanco / cisne negro.
(H) – Has agotado entradas en gira nacional con pogos constantes. ¿En qué medida la energía de los directos te ha empujado hacia la mitad Ultradel disco? ¿Hay canciones que existen porque te las pedía el público?
(A) – Lo que más disfruto, y lo que quiero mantener, es ese elemento de adrenalina fuerte. Pero para que haya momentos muy altos, de frecuencias muy altas, antes tienes que bajar. Por ejemplo, si antes de Bustamante cantas el tema con Ralphie, que es más pop y más lento, entras a Bustamante con todas las ganas. Una no funciona sin la otra. No va a ser una gira más tranquila que la de BROWN BOY ni de lejos: seguiré cantando los grandes temas de BROWN BOY. El disco juega con eso: necesitas los momentos más suaves para que los picos realmente funcionen.
(H) – ¿Querías huir ya de esa exploración de tu identidad indo canaria o sigues explorándola?
(A) – No quiero que el elemento racial sea un token porque me parece feo. No soy así. Pero sí hay bastantes referencias en el disco. Si escuchas Dicen que todo, es una canción que podría haber estado en BROWN BOY al 100%. Es casi una continuación de lo que pasó allí. Hablo de la portada, de mi madre, de cómo ahora igual voy a cantar y la gente enciende mecheros y veo mares de gente. Cuento que a mi madre la paran por la calle para decirle «tú eres la madre de Abhir», porque sale en la portada. Luego digo que a mí también me paran mucho por la calle, pero la nacional y la civil para pedirme el DNI. Es un statement claro: BROWN BOY no es una etapa cerrada, es una declaración de quién soy yo. Eso sigue siendo así. La diferencia es que Ultraswan es un poco menos político. Me pongo más romántico, estoy en otro punto vital. Sigue habiendo locura y distorsión, pero quizá yo estoy un poco más enamoradizo.
(H) – En BROWN BOY dijiste que querías hacer un disco para ti, no para playlists. ¿Lo has conseguido? ¿Qué cambia en Ultraswana nivel de profundidad y mensaje?
(A) – He querido quitarle peso. Últimamente escucho discos para que me acompañen y para divertirme, y he querido coger ese modelo. No es un disco tan profundo en el sentido de «quiero expresar quién soy» o «tengo una gran revelación». Es más bien: este fue mi último año y medio, las cosas están bien, tengo energía y cosas que decir, y aquí está. Lazos y nudos tenía una connotación emocional muy fuerte, ese «no sé si eres un lazo de amor o un nudo en el estómago». BROWN BOY era muy profundo a nivel racial, de crisis de identidad. Ultraswan tiene más diversión, más ligereza. También ha cambiado mi ambición. Antes yo decía en entrevistas que quería dejar una gran canción atrás, dejar huella, casi con un punto mesiánico. Ahora no tengo esa necesidad. Quiero pasármelo bien, hacer mi trabajo el mayor tiempo posible, acompañar a la gente, pero sin esa obsesión con «dejar legado».
(H) – En la mitad Swanaparecen Moisés, Jesús, Dios. ¿De dónde sale ese vocabulario religioso y qué te interesa de la religión?
(A) – Diría que estoy en el punto más religioso de mi vida, pero sin apoyar la institución religiosa. No me interesa la Iglesia como institución. Últimamente tengo la sensación de que no puede ser todo matemáticas y casualidades. Tiene que haber algo más que haga que estemos aquí y que las cosas se den como se están dando. Vivo en una especie de estado constante de gratitud. Llevo muchos años en la música y ahora entiendo que nada de esto es normal: que la gente conecte, que quiera venir a verme, que esté ahí apoyando. Antes lo daba por hecho. Estoy en un momento bonito con Dios. He estado bastante peor, pero ahora estoy tranquilo con eso.
La escena urbana española vive ahora una conversación incómoda sobre masculinidad, letras, exhibición de éxito. ¿Cómo te sitúas tú ahí?
(A) – No tengo una checklist de «voy a ser un modelo de masculinidad nueva, frágil y abierta». No funciona así. No me gusta cuando las cosas están impostadas, cuando haces algo para cuadrar con un discurso. La madurez viene con la seguridad. Ya no es la primera vez que estoy en un día de lanzamiento, ya me he expuesto mucho estos años. Eso me da tranquilidad. No estoy buscando cumplir un rol. Estoy buscando hacer la mejor música posible, ponérmela yo y decir: «vale, esto está guapo». Ojalá el mundo conecte, pero mi enfoque es mucho más simple ahora.
(H) – En la industria actual hay una presión enorme por entrar en playlistsy por los números. Tú pareces huir de esa lógica. ¿Cómo lo gestionas?
(A) – No hago música pensando en entrar en playlists. Sinceramente, me da igual. Lo que sí había en este disco era una búsqueda más clara de «la canción»: que las estructuras estén más trabajadas, que la escucha entre mejor. En el disco anterior improvisaba mucho con las estructuras, todo iba por impulsos. Aquí hay un trabajo consciente de composición. Pero no vivo esperando que «me la den»: la playlist, los medios, los números. Si vives pidiendo aprobación externa, eres completamente dependiente. Intento achacar el éxito a cosas internas, a lo que soy y lo que hago, no a lo que me tienen que conceder. Creo que es al revés de como se suele pensar: no es que primero te la den y luego mole. Primero tiene que molar para ti, tú tienes que saber que molas, y luego igual te la dan.
(H) – Hay raperos con letras racistas y propagando ideales de ultraderecha en sus letras. ¿Qué piensas de ellos?
(A) – Me parecen ridículos. Me río mucho de ellos, sinceramente. Para colmo, la mayoría son muy malos. Van tan en la rejilla, tan a tempo, que hasta agobia escucharles. Tienen un único flow, cero matices. La música está muy democratizada: cualquiera puede hacerla y cualquiera puede opinar. Eso es bonito, pero cualquiera puede hoy coger un micro y defender esas ideas de extrema derecha porque estamos en ese momento sociopolítico. Para mí hay una diferencia muy clara entre la gente que está diciendo algo con sentido y la que solo quiere llamar la atención, buscar el clip viral y tener sus quince minutos de gloria. No es algo que ocupe mucho espacio en mi cabeza, pero sí, me parecen un modelo de lo que no hay que seguir. Y, por otro lado, no hay que olvidar que las raíces de todo esto son negras. Mucha de esa gente hoy no apoyaría ni abrazaría a las personas que pusieron las bases de lo que ellos están usando. Eso muestra una falta clara de percepción y de saber.
(H) – BROWN BOY fue reconciliación, Ultraswanes metamorfosis. Si el cisne se completa con este disco, ¿qué te queda por hacer? ¿Otro álbum, mixtapes, temas sueltos?
(A) – Voy mucho por temporadas y por formatos. Me encanta el formato mixtape, algo más distendido. Solo he hecho una en mi vida, lo primero que saqué, grabado en mi cuarto y sin dinero. Fue increíble y quiero recuperar cosas de ese espíritu. Ahora mismo no planteo otro álbum como tal. Después de cada disco he tenido etapas de sacar temas sueltos, y eso me encanta porque requiere menos concepto. No tienes que hilarlo todo, te libera peso. Supongo que llegará otra temporada de eso: temas sueltos, menos presión conceptual, más juego.
(H) – ¿Y la gira?
(A) – Sale la semana que viene y va a pasar por toda España, con aforos bastante más grandes: es la evolución natural de la gira de BROWN BOY. Además, vamos a México, Chile, Londres y Berlín, que son hitos que me hacen mucha ilusión. De las cosas que más ilusión me hace ahora mismo es el directo. Va a ser un show muy enérgico, no va a ser en absoluto una gira «tranquila».
(H) – Para cerrar, si tuvieras que resumir qué es Ultraswanpara ti, hoy, ¿qué dirías?
(A) – Es el resumen de mi último año y medio: un disco menos obsesionado con dejar huella y más centrado en disfrutar, en la energía, en los contrastes y en acompañar a quien lo escuche. No es una revelación existencial. Es que las cosas están bonitas, tengo mucha energía y muchas cosas por decir.
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