Ed Templeton, fotógrafo de culto de la escena skate, nos hace de guía por su primera exposición en Barcelona

Recorremos junto a la leyenda del skate ‘Tomorrow Never Comes’, su primera gran muestra fotográfica en Barcelona, que mezcla 30 años de archivo personal junto a la campaña que ha realizado para Bershka x Aries.

Ed Templeton, fotógrafo de culto de la escena skate, nos hace de guía por su primera exposición en Barcelona
Ed Templeton

El artista californiano convierte la cultura skate, el retrato íntimo de la adolescencia y el aburrimiento en arte (y Bershka se suma a su viaje).

Hay una foto icónica de Ed Templeton en la que un chico lleva a una chica en bikini dentro de una carretilla por una calle residencial de California. No hay más contexto, ni falta que hace. Esa imagen, que vio de pasada desde el coche hace años y que se le quedó grabada a fuego, es más o menos el resumen de toda su carrera: cazar al vuelo eso que pasa cuando nadie está mirando y que, sin embargo, define una época entera. Treinta años después de empezar a disparar su cámara, Templeton ha terminado recreando aquella misma escena para una campaña de moda. Cambian los tiempos, pero la esencia permanece.

El resultado de todo eso —el archivo, la carretilla, la nostalgia noventera reconvertida en producto— ha aterrizado en Barcelona bajo el título Tomorrow Never Comes, la primera exposición individual del fotógrafo estadounidense en España. Se puede ver gratis en el Espai Metrònom, en pleno Born, hasta el 20 de septiembre, coincidiendo con el Barcelona Gallery Weekend, y nace de un encargo que Bershka le hizo el pasado febrero: fotografiar en Huntington Beach, la playa al sur de Los Ángeles donde vive y ha sacado el grueso de fotos de su carrera, la campaña Εδέμ para su colaboración con Aries, la firma británica de culto fundada por Sofia Prantera. Lo que iba a ser un simple catálogo de temporada acabó desbordando su propio marco y convirtiéndose en lo que vemos hoy: una exposición comisariada por Elisa Medde, directora de Foto Colectania, que pone en diálogo esas imágenes de moda con el archivo más íntimo y crudo de Templeton.

“He querido que en la exposición convivan sin distinción ambas facetas, la mía más personal y un encargo más profesional”, nos guía el propio artista. Por un lado está Wires Crossed, su particular crónica del mundo del skate, un libro emblemático que recoge algunos momentos esenciales de su vida, sus amigos y absolutos desconocidos con los que se cruzó por el camino. Por otro, una retrospectiva que incluye también la sesión que hizo con Bershka en Huntington Beach. Aunque el ojo de cualquier fan sabrá distinguir sus fotos clásicas de las nuevas realizadas para la firma de moda, el paseo por Tomorrow Never Comes está por encima de los tiempos en los que ha sido tomada cada foto. En palabras de la comisaria Elisa Medde, “el título de la exhibición, lejos de ser nostálgico, da nombre a una forma de suspensión: ese presente perpetuo de la adolescencia que Ed Templeton lleva fotografiando durante más de 30 años”.

Del monopatín a la cámara, sin escalas

Antes de alzarse como el fotógrafo que retrató a toda una generación, Templeton (Garden Grove, California, 1972) fue, sencillamente, uno de los mejores skaters del mundo. Se hizo profesional en 1990, todavía en el instituto, y en 1993 fundó su propia marca de skateboards, Toy Machine, que sigue dirigiendo hoy. Compaginó las dos carreras —tabla y cámara— durante más de dos décadas, hasta que en noviembre de 2012, con 40 años recién cumplidos, se rompió la tibia y el peroné haciendo una demo para su patrocinador de zapatillas. La lesión le trajo dos placas y 21 tornillos en la pierna y con eso, prácticamente, se acabó su vida como skater profesional. «Sé que se ha roto, está roto», dijo entonces, con los dientes apretados, mientras sus compañeros lo rodeaban. La cámara, en cambio, nunca dejó de disparar. Algunas de las fotografías que recoge la exposición ejercen de testigo de lesiones ajenas y propias, incluyendo una foto que le tomó a su paciente esposa, la también fotógrafa Deanna Templeton, acompañándole a los pies de la cama en el hospital. “La contusión que tenía era tan fuerte que ni siquiera recuerdo haberle sacada esa foto, tengo lagunas en mi memoria de aquel momento”, relata. Eso sí, de la cámara no se separó ni en ese instante. Tenerla en la mano se había convertido en su estado natural.

Ed Templeton

Ahí está la clave: Templeton nunca planeó ser fotógrafo. Empezó en 1994, casi por casualidad, cuando descubrió el trabajo de Nan Goldin y Larry Clark y entendió, de golpe, que lo que tenía que hacer era fotografiar su propio círculo. Y su círculo, durante aquellos años, era el de un puñado de chavales que se destrozaban el cuerpo por deporte. “Son duros. Se tiran veinte escalones y luego se emborrachan toda la noche y al día siguiente vuelven a hacerlo. Los atletas normales entrenan y beben agua; estos tíos se destrozan por dentro y por fuera”, relata el artista. Lo curioso —y lo que explica en parte por qué sus fotos funcionan tan bien— es que él nunca fue uno de esos chicos de fiesta. Se define como el formal del grupo, el que nunca probó las drogas ni se metió en líos, lo cual, paradójicamente, le dio la posición perfecta desde la que mirar: la del espectador que está dentro pero no se pierde nada.

De ahí sale Wires Crossed, el proyecto que reconstruye más de 20 años de esa cultura, entre 1995 y 2012, con toda su energía y todas sus heridas. “Mi intención ha sido siempre reflejar toda la estética skater y todo lo que implicaba: la parte divertida de piruetas imposibles, pero también la otra cara, las lesiones, las heridas, los hospitales”, explica Templeton. No hay glamour impostado en sus fotos, o si lo hay, es un glamour que convive con la sangre y el aburrimiento a partes iguales.

Ed Templeton.

El aburrimiento como materia prima

El aburrimiento, sí. Es, según el propio Templeton, uno de los grandes protagonistas involuntarios de su obra. Muchas de sus imágenes más celebradas no son de skaters volando por el aire, sino de esos tiempos muertos entre truco y truco: habitaciones de hotel, furgonetas, aeropuertos, esos ratos de gira en los que, sencillamente, no pasa nada. “La gente se olvida de que ese estilo de vida significa estar atrapado en un cuarto impersonal, de avión en avión o en carretera cruzando el país casi todo el tiempo. Esa parte tediosa, esos momentos ordinarios, me interesan muchísimo porque es cuando la gente es más auténtica”, confiesa. Muchas de esas fotos, además, pertenecen a una época sin móviles, cuando el aburrimiento todavía existía de verdad, sin una pantalla a mano para llenarlo.

Esa obsesión —porque el propio Templeton lo llama así, obsesión, sin matices— es la que sostiene toda su fotografía de la juventud. “Los jóvenes son como adultos en miniatura. La diferencia está en que ellos todo lo sienten más intensamente, a flor de piel, pero la ropa y la actitud son un indicador de en qué puedes convertirte de adulto”, resume. Es una frase que podría sonar a boutade, pero que en su boca funciona casi como declaración de intenciones: fotografiar la adolescencia no como una etapa de tránsito sin importancia, sino como el momento en el que ya está todo escrito, aunque nadie lo sepa todavía.

Ed Templeton

Del Edén a Barcelona

En ese contexto encaja también Εδέμ, la campaña de Bershka junto a Aries que ha propiciado esta exposición. Fotografiada en Huntington Beach en febrero, recurre al mito de Adán y Eva —la expulsión del Paraíso— como metáfora de la propia adolescencia: el momento en que se abandona lo conocido para descubrir qué hay fuera. Se estructura en dos capítulos, uno luminoso y casi idílico, y otro mucho más oscuro, centrado en las tensiones que se esconden bajo la superficie amable del primero. Elisa Medde, comisaria de la muestra, ha construido el recorrido precisamente sobre esa tensión: la de un archivo histórico dialogando de tú a tú con un encargo comercial que, en manos de Templeton, deja de parecerlo.

A eso se suma Suburbia, su disección de la adolescencia en las urbanizaciones suburbiales de California, y una serie de fotografías recientes tomadas en Barcelona, ciudad con la que Templeton tiene una relación de años como skater y turista y que, según él, comparte con Huntington Beach ese aire de comunidad costera y relajada. La propia puesta en escena de la muestra —fotos apoyadas sobre rampas de skate, textos impresos sobre tablas de madera, televisores vintage repartidos por la sala— completa el gesto: no se trata solo de mirar el trabajo de Templeton, sino de meterse literalmente dentro de su universo durante un rato. Después de 30 años fotografiando “adultos en miniatura”, parece que el mañana, efectivamente, siempre está por llegar.

Ed Templeton

Ed Templeton. ‘Tomorrow Never Comes’. Hasta el 20 de septiembre de 2026, de 11 a 20 h, en Espai Metrònom (C/ de la Fusina, 9, El Born, Barcelona). Entrada gratuita.

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