El spa del futuro de Candela Capitán: la artista hace de la respiración un acto de resistencia

Hablamos con la artista sevillana, que explora una vez más los límites de la autoexplotación física y mental en la era de la hiperproductividad. Su instalación APNEA es uno de los acontecimientos de la temporada galerística en Ciudad de México.

El spa del futuro de Candela Capitán: la artista hace de la respiración un acto de resistencia

Candela Capitán es una de las figuras que están redefiniendo la performance contemporánea. Su discurso interdisciplinar aborda con ironía el control tecnológico del cuerpo y las lógicas de producción extrema de la sociedad contemporánea.

La obra de Candela Capitán (Sevilla, 1996) supone un desafío constante. Sobre todo, para ella misma. La artista utiliza el cuerpo físico como un territorio de resistencia y denuncia contra la alienación digital, la sobreexposición en redes sociales y las lógicas de producción extrema de la sociedad contemporánea. A través de la ‘no danza’ y la performance transgresora, subvierte los límites del arte contemporáneo agitando al espectador, provocando un abanico de respuestas que van desde la incomodidad hasta el despertar conciencias.  

Su aterrizaje en Ciudad de México, con su primera individual en LABOR (hasta el 24 de octubre), se ha convertido en uno de los acontecimientos de la temporada en el circuito galerístico de la ciudad. Se titula APNEA y en ella incurre en el territorio de la instalación, activada por cuerpos que transforman el espacio expositivo en un spa de un futuro cercano, donde el descanso pasa por llevar el cuerpo al límite. Y lo hace en primera persona, con performances todos los sábados hasta el 10 de octubre en los que ella misma se zambulle en un depósito de agua para experimentarlo.

APNEA, de Candela Capitán, en la galería LABOR (Ciudad de México). Performance de la artista asistida por Camila Arroyo y Daniela de la Torre. Foto: Ramiro Chaves

En palabras de la comisaria Chus Martínez, autora del texto que acompaña la exposición: “La ansiedad posee la particular capacidad para convertir una señal en una amenaza y esa amenaza es una nueva señal. El cuerpo se alarma y nosotros nos alarmamos de que el cuerpo se haya alarmado. La apnea propone un extraño ejercicio en la dirección contraria: produce deliberadamente una de las alarmas más elementales que poseemos —la necesidad de respirar— y nos enseña que entre la aparición de una alarma y nuestra reacción ante ella existe un pequeño espacio”. Ese espacio lo sitúa Martínez no como una renuncia al oxígeno, sino como un entrenamiento para “administrar esa ausencia”.

Lo que convierte a Candela Capitán en una de las figuras que están redefiniendo la performance contemporánea es precisamente su forma de cruzar disciplinas sin pedir permiso: coreografía, escultura, moda, biopolítica y una relación muy consciente con el teléfono móvil y las redes sociales, que en su trabajo dejan de ser un simple canal de difusión para convertirse en material de la propia obra. Su ironía al abordar la sexualidad femenina, el voyeurismo o la vigilancia digital, unida a una estética pop que suaviza —y por eso mismo hace más incómodos— discursos sobre el agotamiento, la autoexplotación y el control tecnológico del cuerpo, la ha situado como una referencia para una generación que la sigue tanto en físico en espacios escénicos como en los live que realiza de esas intervenciones través de la pantallita.

Con APNEA, Candela Capitán da un paso más: convierte la instalación en organismo, la performance en entrenamiento y el cuerpo femenino, una vez más, en el lugar preciso donde se libra la batalla entre cuidado y disciplina. Y concibe un lugar propio y necesario para la respiración en este invento de vida que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han bautizó como “la sociedad del cansancio”.

Foto: Ramiro Chaves

Nadie mejor que la propia bailarina, coreógrafa y performer para contar a HIGHXTAR. cómo respira su última propuesta artística.

HIGHXTAR (H) – Describes la instalación de APNEA como “un spa del futuro cercano”. Siempre asociamos la idea del spa al descanso y el bienestar pero, por lo que hemos visto en las imágenes de tu performance, da la sensación de que quieres transmitir todo lo contrario: desasosiego, incomodidad, tensión, frialdad. ¿Es un contraste buscado?

Candela Capitán (CC) – Sí, totalmente. Me interesaba imaginar un spa de un futuro muy cercano en el que descansar ya no significa exactamente descansar, sino someter el cuerpo a otra forma de disciplina. Muchas prácticas que hoy relacionamos con el bienestar —la meditación, el breathwork, la crioterapia, los baños de hielo o el control del sueño— prometen cuidarnos, pero también prepararnos para ser más productivos, más resistentes y más eficientes.

En APNEA llevo esa contradicción al límite. La bañera, el agua y la meditación pueden hacernos pensar en el cuidado, pero el acero, las tuberías, las cámaras y el ruido de las máquinas producen una atmósfera fría, casi clínica. No queda claro si ese cuerpo está siendo cuidado, entrenado, observado o controlado. Esa ambigüedad es una parte central de la pieza.

(H) – ¿Por qué has querido utilizar el concepto de apnea, de dejar de respirar, para esta instalación y performance?

(CC) – La apnea suspende algo que normalmente hacemos sin pensar. Durante unos instantes, respirar deja de ser una función automática y se convierte en una decisión consciente. Es un estado que exige mucha concentración, casi meditativo, pero que al mismo tiempo empuja el cuerpo hacia un límite físico. Me interesaba trabajar con esa contradicción entre contemplación y violencia sobre el cuerpo.

Vivimos permanentemente activos, disponibles y produciendo. Dentro de esa lógica, dejar de respirar puede parecer una interrupción radical. El cuerpo corta temporalmente su intercambio con el exterior y concentra toda la atención en sí mismo. Pero incluso esa pausa se puede entrenar, medir y convertir en una forma de autooptimización. Por eso la apnea también habla de nuestra dificultad para detenernos sin transformar inmediatamente la pausa en otra exigencia.

Foto: Ramiro Chaves

(H) – ¿Qué te ha llevado a explorar en tu obra los límites —o las limitaciones— de los cuerpos?

(CC) – Vengo de la danza, una disciplina en la que desde muy pequeña aprendí a repetir, resistir, perfeccionar los movimientos y llevar el cuerpo cada vez más lejos. Siempre me ha interesado lo que sucede cuando ese esfuerzo deja de estar oculto: cuando el virtuosismo se convierte en agotamiento, el control empieza a fallar o el cuerpo deja de responder como se espera de él.

No busco el límite por el riesgo o por el espectáculo. Lo utilizo para hacer visibles las estructuras que actúan sobre los cuerpos y condicionan su comportamiento. Me interesa preguntarme quién establece esos límites, quién tiene derecho a detenerse y qué cuerpos están obligados a adaptarse constantemente.

(H) – ¿Algún plan de futuro que nos quieras comentar?

(CC) – Quiero seguir desarrollando APNEA como parte de una investigación más amplia sobre las tecnologías del bienestar, la respiración, la contemplación y la autooptimización. Esta primera instalación está pensada para un solo cuerpo, pero me gustaría ampliar el dispositivo, incorporar más bañeras y crear un sistema colectivo en el que varios cuerpos y circuitos respiren —o dejen de respirar— al mismo tiempo.

También estoy trabajando en Granjas Humanas, una instalación performativa de mayor escala que establece un paralelismo entre las granjas ganaderas y las llamadas granjas de influencers. El proyecto reunirá cuerpos, jaulas habitables, cámaras y sistemas de transmisión para investigar cómo la exposición constante puede convertir el cuerpo en una unidad de producción. Será mi primera creación dentro de la relación artística que mantengo con CAMPO, en Bélgica, y con el Mercat de les Flors, en colaboración con el Festival Grec en Barcelona.

Foto: Ramiro Chaves

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