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«Si tienes una buena idea, enfócate en sacarla adelante». Dicen Cathrine Saks y Barbara Potts, dos veinteañeras con nociones básicas de costura y prácticamente ninguna formación en moda, haciendo que sea aún más meritorio lo que están consiguiendo las danesas desde su estudio en Copenhague.


Uno podría caer en la tentación de pensar que la trayectoria de Saks Potts es fruto de la suerte o que estaban destinadas a ser un One Hit Wonder -de hecho, su primera propuesta constaba de una única pieza, el abrigo Febbe- pero su décima colección para la primavera de 2019 confirma que están lejos de ser «otro descubrimiento indie que goza de sus 5 minutos de gloria en la industria«.

Saks Potts

En su Spring 19 empiezan a verse signos de su madurez como diseñadoras, con prendas inspiradas en las olimpiadas y fuertemente influenciadas por disciplinas como el patinaje sobre hielo, sin perder algunas de las señas de identidad de la firma, como sus abrigos de pelo o sus cada vez más reconocibles estampados.

Pero, ¿es suficiente el talento, el trabajo y una buena idea para pasar de ser un proyecto desconocido a una de esas firmas en todas las agendas de los mejores estilistas?  ¿O desde el primer momento Barbara y Cathrine han ideado un plan consciente para ser omnipresentes en cualquier fashion week ? Hay ciertos factores que parecen apuntar a esto último, como: la creación de un logo icónico propio, destinado a subirse al tren de los estampados ahora que Louis Vuitton o Dior lideran la tendencia, su uso del color para hacer reconocible una prenda que en principio no lo era tanto, o la creación de conjuntos-tándem perfectos para que las niñas pequeñas puedan ir a juego con sus madres – con toda la pontencialidad viral que conlleva, véase, Northie (Hija de los West)-.

Parece que tienen clara su estrategia. Y funciona. El año que acaba de terminar les sirvió para colocarse en el mapa de la moda escandinava y colarse en el armario de algunas celebrities de la talla de Cardi B o Kendall Jenner.

Más allá del éxito SP, es interesante reflexionar sobre el origen de esta hipotética estrategia tan elaborada por parte de una firma novel como la danesa. Y es que, cada vez más, necesitamos ya no sólo un flujo constante e imparable de nuevas prendas, sino también de nuevas marcas que se encarguen de traer aire fresco y competir de tú a tú con las casas más grandes y consolidadas. Crear espacio para los nuevos emprendedores de la moda es algo muy positivo, pero parece que estas oportunidades son demasiado efímeras por culpa de nuestra ansia de renovar el santoral fashion. ¿Sobrevivirá Saks Potts a su propia viralidad?