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Últimamente vivimos en un capítulo de Black Mirror interminable, en el cual pasan las horas llenas de pantallas y monitorización. Como si de una alienada se tratase.

Con la llegada del virus, se nos pide quedarnos en casa, para no hacerlo aún más worldwide. Todos hiperconectados con lo que hay ahí fuera gracias a nuestros “devices”. Pero realmente, ¿Qué hay ahí fuera si todos estamos dentro?¿Por qué queremos conectarnos a algo que en realidad no existe?

Hemos ido generándonos esa necesidad de la conexión tecnológica, que ahora parece ser nuestra única esperanza y solución. Los trabajos presenciales han pasado a ser de teleworking, y las quedadas en terrazas ahora se hacen por aplicaciones como “Houseparty” “Skype” ó “Whatsapp”.

Es aquí dónde deberíamos pararnos a pensar, si de verdad, necesitamos todo esto.

Si le das unas vueltas, descubres, que no es más que el miedo constante a quedarte completamente solo contigo mismo, porque sabes muy bien, que la introspección a veces, da un poquito de ansiedad. No es tan guay descubrir cómo eres. Pero una vez lo haces, no sabes qué alivio.

Charlie Brooker, director de Black Mirror, debe estar en su casa (sino mal) mirando este panorama pandémico, y pensando que quizás esta vez si, la realidad superó la ficción. Y que todos esos capítulos generados hace tiempo en su mente ahora se están haciendo interminables. Cómo el día de la marmota.

El título a este capítulo podría ser “Quarentine” y trataría de cómo no volverse loco dentro de las cuatro paredes de una casa, añadiéndole que un dron de la policía pueda perseguirte si sales de casa, y actuar como en la película de la purga. ¡Un Best-Seller vaya!

Pero esperemos que esto del Black Mirror, termine su emisión en unas semanas. Y pasemos a vivir mejor en un capítulo de Heidy, pero sin finales tristes. Al aire libre, y comiéndonos el mundo.

¡Que se preparen los bares!