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Con el objetivo de concienciar a la población sobre el consumo de ultraprocesados, el llamado realfooding se ha convertido en un fenómeno de alcance internacional respaldado por cientos de miles de seguidores. Sin embargo, la visión de la comida que el movimiento divulga ha sido etiquetada de obsesiva y acusada de promover TCA. Pero este no es su único riesgo. 

RealFooding

A través del movimiento realfooding, el nutricionista Carlos Ríos lidera la lucha contra los ultraprocesados de la industria alimentaria y promueve la llamada “comida real”. Su consigna ha resultado un alivio para un mundo asfixiado por las dietas, las trampas de las multinacionales y la consecuente falta de educación de la sociedad en materia de nutrición. Cada vez más gente se suma a lo que su fundador llama un “estilo de vida” que busca una alimentación saludable para la población.

Los TCA y la relación con la comida

Sin embargo, algunas dinámicas por parte de Carlos Ríos han provocado un aluvión de críticas al realfooding, acusándolo de promover los Trastornos de Conducta Alimenticia. Aunque se presume un movimiento que deja atrás el criterio clásico de contar calorías, lo cierto es que algunas prácticas no ligan demasiado con este principio. El año pasado, sus comentarios sobre vídeos de personas comiendo y especialmente sus bromas en TikTok sobre la cantidad de calorías del plato de una adolescente no fueron demasiado afortunados, especialmente teniendo en cuenta que la pandemia incrementó la obsesión por la comida –ante la incertidumbre, es un mecanismo común aferrarse a aquello que tenemos capacidad de controlar–, que los TCA afectan sobre todo a los jóvenes y que en TikTok la media de edad es precisamente la de este sector.

La respuesta de Carlos Ríos frente a estas acusaciones fue publicar algunos mensajes de agradecimiento de sus seguidores asegurando que el realfooding ha contribuido a curar este tipo de trastornos. Pero, evidentemente, no es tan sencillo. Las acusaciones de tomarse a la ligera las sensibilidades de las personas propensas a desarrollar TCA no se rebaten demostrando lo bien que funciona en otros. No se trata de un sistema de compensación.

Carlos Rios

Salud, autovigilancia y falsas dicotomías

Es el riesgo más visible, pero hay más. El peligro del movimiento realfooding no solo reside en que se trata de un creador potencial de trastornos alimenticios, sino en que algunas de sus dinámicas son graves síntomas de una resignificación de nuestra escala de valores. Asignar un valor moral a los alimentos es crear el escenario ideal para un sistema de vida basado en el punitivismo y en el terror a no lograr optimizar cada mínima parte de nuestro día a día. Podría parecer un alegato aplicable para atacar modelos de alimentación como el veganismo; sin embargo, al contrario que el realfooding, el veganismo no otorga un valor moral a los alimentos como tal, sino a nuestra capacidad para dejar de contribuir a la explotación sistemática de animales.

De este modo, el hecho de que nuestro consumo diario de alimentos –una actividad que realizamos en pos de cubrir nuestras necesidades vitales– nos sirva también como una herramienta de autoevaluación entraña un peligro abisal: incluso aquellos aspectos más básicos y rutinarios de nuestra vida parecen haber sido colonizados por una vigilancia constante. Nos miramos continuamente a nosotros mismos para ver si estamos haciendo las cosas de la forma más eficiente posible, también cuando se trata de nutrirnos.

realfooding tiktok

Los principios del realfooding son adecuados y necesarios, pero sus mecanismos de difusión y el tono del mensaje terminan por distorsionarlo. El resultado es la formación de una especie de cuerpo policial cuyas normas, rígidas e infranqueables, determinan qué alimentos o productos son válidos y cuáles no. Y su criterio es indiscutiblemente certero. Pero instar a leer las etiquetas de todos los productos en cada compra o elegir siempre el plato menos procesado conlleva el riesgo de acabar obligándonos a sobrerracionalizar algunas decisiones del día a día, desatendiendo la importancia de la intuición y de lo que nuestro propio cuerpo demanda.

Porque lo de la salud no es tan sencillo. Reducir una alimentación saludable al mero consumo de determinados productos y al rechazo de otros es un ejercicio que atiende solo a aspectos puramente fisiológicos, estableciendo categorías diferentes para la dimensión física y la mental (de hecho, la ambigüedad de las barreras entre ambas deja claro que cada vez es más necesario dejar de decir “salud mental” para decir simplemente “salud”) y pasando por alto multitud de complejidades que entran en juego. Una educación nutricional adecuada pasa por evitar las dicotomías bueno-malo para hablar de productos alimenticios. Muchos nutricionistas insisten en que la óptica se sitúe en la frecuencia de consumo, logrando así un discurso donde tenga cabida la dimensión cultural de los alimentos y que sea capaz de anular la reacción de culpa y castigo frente al consumo de aquellos etiquetados como nocivos.

Criticas Comida Real

Vivís en Matrix

El problema, por tanto, es que a pesar de que la misión del realfooding es loable, su praxis no resulta tanto de denuncia a la industria como de autorrevisión individualista. Lo que tiene potencial para ser un movimiento con efectos a nivel estructural ha terminado presentándose como una religión con delirios sectarios.

La población atrapada en MATRIX muere por enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cáncer. Y muere ignorante. Solo unos pocos rebeldes han escapado, han despertado y luchan contra el lado oscuro. Esos rebeldes a los que hago referencia son los que están en este preciso instante leyendo este texto. Son los realfooders”. El discurso con el que describen el realfooding en su página web oficial es esclarecedor, con alusiones constantes a un imaginario de ciencia ficción. En la biografía de Carlos Ríos se puede leer: “Su misión es luchar, a través del conocimiento y conciencia, contra las multinacionales de los productos ultraprocesados y devolver la comida real a la población”.

tiktok carlos rios

Este tono épico del manifiesto y esta condescendencia con los que no han sido iluminados por el realfooding resulta tremendamente elitista y pasa por alto una larga lista de factores que intervienen en el hecho de que alguien consuma ciertos alimentos, como horarios laborales difíciles, jornadas de trabajo desproporcionadas, bajo coste de la comida rápida, oferta de productos de los negocios 24h o trastornos como ansiedad o depresión, por citar algunas.

El realfooding, que ya nació en terreno sensible y debe mantener siempre un discurso equilibrado por todas las cuestiones mencionadas, ha tenido en desgracia desarrollarse siempre en paralelo con la popularidad de su impulsor. Está totalmente personificado en Carlos Ríos, son prácticamente la misma cosa y, como tal, las maneras cuestionables del nutricionista acaparan toda esa tarea colectiva de evitar los ultraprocesados. Al final, lo que se percibe es que hay una larga distancia entre la teoría y la práctica. La respuesta más sana parece ser acoger la parte positiva del discruso del realfooding y señalar sus carencias para hacerlas visibles.