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Crepita el VHS y se abren las puertas de un nuevo universo. Sharna Osborne (@sharnaosborne) nos sumerge en un imaginario donde los códigos 90’s, el surrealismo y los movimientos subculturales que juegan (y a su antojo) con el fashion system configuran una simbiosis estética apabullante.

Sharna Osborne

La directora neozelandesa fagocita la corriente pop, la rompe en mil pedazos y se dedica a conectar de otra forma las piezas. Y nos demuestra que así también encajan: en sus vídeos hay una reinvención total de una categoría que creíamos cerrada y sólida. Osborne hace desvanecer las convenciones a golpe de anacronismo y vibras alternativas.

Sharna Osborne

Sus herramientas son una Super 8 y antiguas cámaras de VHS, y con ello construye una identidad inconfundible que ha creado un punto de inflexión y ha transgredido barreras. Y al carro de la vanguardia del lo-fi se ha subido, sorprendentemente, la alta costura.

Sharna Osborne, con sede en Londres, ha pulido el pasaporte visual de figuras top-class de la industria como Longchamp, Christopher Kane o Miu Miu. En su background se suman Bimba y Lola, Vogue Italia, i-D, W Magazine, Fenty o Dazed & Confused.

Su neo-concepción de lo vintage destila atrevimiento y autenticidad. Sharna Osborne bebe de influencias eclécticas y dispares, desde Jan Švankmajer hasta Dolly Parton. El cóctel es explosivo; un collage de fuentes y de escenarios de diferentes décadas y estilos con un resultado hipertextual. También hay reminiscencias de erotismo y de juventud, todo ello sobre un fondo que presume de un componente anti-establishment. Sharna Osborne ya es una corriente en sí misma.