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¿Nunca te has preguntado por qué apenas se escriben malas críticas de las colecciones de moda y desfiles? Tiene mucho que ver con que las primeras 20 páginas de las revistas sean publicidad.

Ya sea hacerte perder el front row o un anunciante y, por consiguiente, cientos de miles incluso millones en ingresos anuales, hacer una mala crítica a una marca de moda puede salir muy caro. Bien lo sabe Robin Givhan, la aclamada periodista estadounidense, crítica de moda del Washington Post y única en la profesión en haber ganado un Pulitzer (premio más prestigioso al periodismo y ciencias de la información), a quien una mala crítica le costó el front row en Chanel, por orden del propio Kaiser.

Junto a Suzy Menkes o Cathy Horyn, Givhan es de las pocas periodistas de moda de la vieja escuela que quedan – o que siempre ha habido – que no se limitan a alabar y describir. Ellas realmente hacen un ejercicio crítico en cada uno de sus artículos. Pero que sean de las rara avis que se atrevan, siempre lo hacen desde el respeto e integridad profesional y que ninguna trabaja o se ha labrado su fama y prestigio en un medio especializado de moda, no es casualidad.

Para entender este fenómeno desde una perspectiva más amplia, hay que retroceder algunos años. La crisis económica de 2007, sumada al creciente uso masivo de internet y las redes sociales, causó estragos en las publicaciones en papel. Los años más duros de la crisis, supusieron el cierre de muchas cabeceras, llevando a una cantidad ingente de periodistas a las listas del paro, que  le dieron la mano al eterno enemigo de la profesión, el marketing.

Mucho se debatió en su día sobre la ética profesional de unir ambas disciplinas y de poner a un servicio público como es el periodismo a trabajar para las marcas. La publicidad nativa, el branded content, el sponsored content o los advertorials, todos responden al mismo tipo de contenido – los publirreportajes de toda la vida con nombre más sexy cuya fina línea entre periodismo, publicidad y engaño todavía están a debate y siendo revisados y legislados.

Si bien la crisis del periodismo afectó a todo tipo de medios, en las revistas especializadas esta problemática se evidentemente acentúa. La reducida cantidad de posibles anunciantes hace a las publicaciones más vulnerables y la objetividad y valor periodístico de estas quedan comprometidas. Es en este punto en el que empezamos a hablar de crisis del periodismo.

La Crisis del Periodismo de moda

Es sencillo, de la misma forma que los inversores o propietarios de los periódicos son bancos y empresas, que obviamente no van a hablar mal de ellos, las marcas de ropa y beauty son los “inversores” de las revistas de moda. Expuesto esto, lo de no morder la mano que te da de comer se entiende solo.

No obstante, es interesante ver como en otros sectores como la música o la tecnología, por ejemplo, sí son más habituales las críticas, reseñándose e incluso puntuándose los discos y lanzamientos, mientras que en moda brillan por su ausencia, incluso en los medios independientes.

Las pocas veces que se hace es en casos flagrantes de apropiación cultural o temas sensibles como racismo, explotación laboral, etc. Pero para todo lo demás y, a falta de algo bueno que decir de un desfile, siempre se puede hablar del casting, escenografía, inspiración, front row… consiguiendo evitar hablar sobre el objeto de la colección y de la crítica en sí, los diseños.

Ni los modelos de negocio van a cambiar, ni todos los medios y periodistas de moda son opacos. Ni, sin duda, todos los medios grandes y/o generalistas gozan de independencia mediática y se caracterizan por su transparencia e imparcialidad. Pero son muchas voces las que opinan que la no separación de iglesia y estado seguirán mermando la reputación del periodismo.

También se cuestiona el (escaso) valor de contenidos poco periodísticos, como qué se pusieron ayer Hailey Bieber, las Hadid o las Kardashian, que perjudican la reputación del medio y del sector a largo plazo y que están empujando a las audiencias a medios alternativos, como cuentas privadas de periodistas y creadores de contenidos en Instagram y Youtube, para comentarios más críticos y en profundidad.

Puede que con la nueva creciente responsabilidad social que se exige a las marcas se pierda un poco el miedo a la crítica. Políticas de sostenibilidad y moda ética, LGTBI, Black Lives Matter (@blklivesmatter)… Será interesante verlo. Mientras tanto, y si no hay absolutamente nada malo que decir sobre una colección o marca, desconfía y muchas veces acertarás.