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El pasado viernes se cumplió el 57 aniversario de la Marcha por el Trabajo y la Libertad de 1963, donde Martin Luther King pronunció su discurso “I have a dream”. Una vez más la Explanada Nacional de Washington se ha llenado para protestar contra el racismo sistemático, la brutalidad policial y, por supuesto, exigir justicia para George Floyd y Jacob Blake. Los dos hombres sufrieron abusos a manos de policías blancos el pasado mayo y agosto respectivamente.

Luther King

La organización que puso inicio a la manifestación ha decidido llamarla, Marcha del Compromiso: Quita tu rodilla de nuestros cuellos, aludiendo a la forma cruel en la que Floyd perdió su vida. Coincide también con los disturbios acontecidos en Wisconsin después de que Blake recibiera siete disparos a quemarropa. Un policía no dudó en apretar el gatillo para detener al hombre que intentaba mediar en una pelea de dos mujeres.

Un vecino captó en un vídeo todo el suceso. No existen palabras capaces de describir las imágenes de Jacob Blake y el agente. Sus tres hijos estaban presentes cuando su padre era disparado, víctima del racismo sistemático que recorre e inunda las calles de Estados Unidos. El policía, un hombre blanco, vació su cargador sobre la espalda de Jacob, estaba desarmado. Una mujer que lo vio de cerca no puedo reprimir el llanto y la rabia sin poder creer lo que estaba pasando, otra vez.

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La polémica aumentó tras la detención de un joven de 17 años que mató a dos manifestantes e hirió a un tercero de gravedad con un arma semiautomática durante la concentración. Los familiares de Blake, Floyd entre otras víctimas de la violencia policial, estaban entre los manifestantes que acudieron a la capital estadounidense.

Entre los asistentes estaba el hijo mayor de Luther King, Martin Luther King III. Un recordatorio simple de que el tiempo pasa y las cosas siguen igual. El sueño de la tolerancia es tan solo eso, un sueño que, aunque esperanzador y bello no parece materializarse. El odio sigue presente y muchas personas están muriendo por diferencias étnicas que para algunos son insalvables.

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“I have a dream again”

Los jugadores de la NBA se han negado a disputar los últimos partidos de playoffs. Los Milwaukee Bucks anunciaron que boicotearían el juego la noche del partido. En el comunicado, el equipo se pronunciaba ante la falta de soluciones para el problema y, por tanto, ellos no podían centrarse en el espectáculo deportivo. Esto desencadenó en una oleada de huelgas por parte de otros equipos que se plantaron contra el racismo.

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Esta decisión fue tomada a espaldas de la liga privada de baloncesto para que, de esta forma no se monetizara la muerte de las víctimas. En la WNBA, también se ha levantado en pie de guerra continuando las protestas. Las jugadoras de Washington Mystics llegaron al partido con camisetas con el nombre de Jacob Blake y siete agujeros de bala en la espalda. El español Marc Gasol también se ha hecho eco para protestar por el racismo sistemático que sufren los afroamericanos en el país.

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Equipos de las ligas de Soccer y Béisbol de Estados Unidos se han sumado también a la causa. Se necesita un cambio estructural que sea cosa de todos y no de unos pocos. El deporte estadounidense está dando visibilidad a un problema que en vez de disminuir parece aumentar con el paso del tiempo. Y eso es algo que no se debe consentir ni mirar hacia otro lado.

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