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En la Cumbre de la Moda de Copenhague de 2019 se presentó un manifiesto que podría cambiar nuestros modos de consumo de manera radical. La economía circular fue el gran tema del evento, erigiéndose como una hipotética solución ante la contaminación bastante más factible y concreta que las mancilladas medidas de sostenibilidad. Te contamos en qué consiste y por qué podría cambiar drásticamente la industria en unos años.

La circularidad es la nueva sostenibilidad

Hace unos meses, en la Cumbre de la Moda de Copenhague se dio la voz de alarma. Había que colaborar para frenar el calentamiento global, pasar de una vez a la acción. Diferentes marcas tanto de streetwear o sport como de lujo mostraron su predisposición para llegar a un acuerdo concreto ante una necesidad real por tomar medidas lo antes posible.

Es evidente que la industria de la moda ha sido y sigue siendo un gran problema para el medio ambiente. Desde hace algunos años, parece que ha crecido la concienciación a nivel global, algo que se plasma también en las estrategias y las dinámicas de producción de las empresas. La industria de la moda demuestra estar haciendo esfuerzos por lograr una producción más sostenible, pero hay ciertos problemas estructurales a los que hacer frente.

La demanda de ropa alcanza unas cifras tan astronómicas parece inviable reducir su producción; muy al contrario, la industria continúa creciendo y la demanda de ropa sigue aumentando, frenando cualquier alternativa sostenible. Desde luego, la industria no puede presumir de estar haciendo grandes avances, y sigue encontrándose muy lejos de un objetivo sostenible por muchos eventos que dediquen al tema. La fabricación ética, la reducción de la contaminación de agua o de las emisiones de carbono no son reales más que en un reducto mínimo del gigante textil.

La economía circular consiste en diseñar y crear productos reduciendo tanto la entrada de materiales como la producción de desechos vírgenes. Se trata de primar la eficacia en la utilización de los recursos, protegiendo así el medio ambiente. Uno de los puntos clave de este sistema es que los productos se diseñarían para ser reciclados una y otra vez, teniendo una nueva vida en cada ciclo y sin perder su valor. Las prendas que tiramos serían despiezadas y a partir de ellas se fabricarían otras prendas nuevas, logrando un ciclo perfecto que gira una y otra vez. De este modo, la huella de carbono y el gasto de agua se reducirían de forma masiva, ya que no habrían de extraerse nuevos materiales cuando se quiera fabricar algo nuevo.

La idea abre las puertas a posibilidades hasta ahora inconcebibles, como por ejemplo alquilar prendas de ropa: usarlas y, más tarde, devolverlas a cambio de recuperar parte del dinero, de modo que la empresa puede fabricar con ello una prenda diferente. De llevarse a cabo esta hipótesis, estaríamos ante un cambio radical en nuestro modo de consumo de la ropa, y la sociedad adquiriría una perspectiva drásticamente diferente a la actual. Disfrutaríamos, quizá, de muchas más prendas diferentes, por menos tiempo y a un precio menor.

Parece una dinámica imposible de implantarse, pero lo cierto es que no hay que fijarse más que en otras industrias. Alquilamos coches y motos en la ciudad por minutos de trayecto y pagamos en ciertas plataformas online por ver una película concreta que limita nuestro acceso a 48 horas. Con algunos productos de consumo y bienes culturales no nos parece tan extraño. ¿Llegará el día en que ocurra lo mismo con la moda?

Lo cierto es que algunas marcas están desarrollando pequeñas muestras de economía circular. La Patagonia llevó a cabo un proyecto de reparación y arreglos de prendas de ropa tanto propias como de otras marcas, con talleres de reparación instalados en camiones que iban recorriendo diferentes ciudades. Otro ejemplo son las adidas Futurecraft Loop, las primeras sneakers 100% reciclables que pretenden revolucionar el mundo de la tecnología deportiva.

Lamentablemente, queda mucho más por hacer de lo que está ya hecho, y bajo los parámetros capitalistas de la industria solucionar el cambio climático se antoja una tarea imposible. Para llegar a una evolución real, se precisan cambios drásticos en las grandes empresas, implantados de manera obligatoria e inmediata.

¿Será el futuro la economía circular?